top of page

Soltar para vivir, para renacer y ser feliz, me lo merezco.

Hace tanto tiempo que no escribo, no porque no he tenido tiempo, sino porque las circunstancias lo han hecho muy lejano. Siempre se me ha dado por plasmar mis pensamientos en letras que entregan sensaciones, escribir un libro ha sido mi mayor expectativa. Escribir es mejor que hablar, porque últimamente, cuando hablo me olvido las palabras exactas para dar sentido a lo que siento. A veces, también pasa que el tono de mi voz no acompaña mi sentir, o también que mi forma de expresar no es entendida o es mal interpretada. A veces quiero entregar cariño y entrego desesperanza, quiero mostrar preocupación y entrego malestar, quiero dar un abrazo con mis palabras y entrego cansancio y hasta a veces repulsión. He sentido hasta miedo para preguntar, porque sé que la respuesta me va a hacer sufrir, entonces dejo de hablar para no llorar.

He pasado por tantos procesos, y creo que el más bonito que me ha tocado vivir es ser madre, me he transportado hace más de 20 años atrás y volvería a dar vida a cada uno de ustedes, no hay mayor alegría que verlos moverse en mi guatita, que te pateen, que puedas hablar con una parte tuya, que crece contigo dentro tuyo, es un milagro, dar vida no tiene palabras para expresarse.

Verlos indefensos cuando nacen, cuando comen de ti y cuando dependen de lo mínimo para el día a día, el amor inmenso que le entregamos, cada minuto cada hora cada día, crecen tan rápido, nadie nos enseña a ser madres, lo aprendemos cuando tenemos a nuestro lado a ese milagro hermoso que nos sonríe cada día. Cometemos tantos errores, en el camino aprendemos de ellos, corregimos y seguimos. Ese impulso que nos hace seguir es la sonrisa, la mirada inocente, las palabras preguntonas de esos milagros que Dios nos entrega como el preciado regalo.

Crecen tan rápido, cuando están pequeños queremos que crezcan y ahora que crecieron queremos volver atrás el tiempo y que vuelvan a ser pequeños. He tenido tanto pensamientos y recuerdos estos últimos años que ha sido como revivir mi vida varias veces, he hurgado en cada detalle y he reconocido que lo hubiera hecho mejor, pero la vida es así, da la oportunidad una vez, y luego debes aprender de esos errores para no volver a cometerlos. Una lección que he aprendido es que nadie es perfecto, que nadie es malo, y tampoco bueno del todo.

El sentir es tan volátil, siento que respiro, que el corazón late, que los días amanecen y anochecen, pero ¿qué es sentir?, ¿es el vacío en el pecho cuando respiras, la angustia enorme cuando recuerdas, la pena grande cuando evocas, la esperanza y la fe inmensa cuando rezas?, también puede ser ¿la alegría que me entregan mis niños perrunos, el abrazo apretado del papá de mis hijos, cuando me dice va pasar, dale tiempo va pasar, todo va estar bien; o también la mirada perdida de mi hijo cuando me ve llorar, a lo mejor impotente o a lo mejor aburrido de no entenderme, una vez me dijo, le das tantas vueltas mamá.

Quise hacer entrar en razón, mostrar la equivocación enorme que se cometía y las palabras no me acompañaron, es más jugaron en mi contra y causaron resentimiento porque no fueron comprendidas en su magnitud, en su profundidad, en su exacto significado más allá de la semántica, era un significado desgarrador de una madre para salvar a su amada hija. Las palabras con el tiempo me dolieron más a mí, me calaron hondo, y en mi hija quedo el resentimiento, la lejanía, sin comprender el verdadero propósito, te amo más que nada en este mundo quería compartirte mi frustración, mi temor, lo miserable que me siento al escuchar lo que me dijiste: ¿¿Dios mío, es verdad esto?? Si, si era verdad y había caído al fondo, había confundido su vida, se había aferrado al lado oscuro de la vida, nada se pudo hacer para salvarla, el dolor más grande que una madre pueda tener, no poder llegar en ese momento de irse a lo profundo.

Ha pasado el tiempo, ya no tengo más lagrimas se me han ido todas, el dolor se ha convertido en un compañero diario que se presenta y te quema, en un dolor en el pecho con los latidos acelerados, donde el corazón late de miedo frente a la incertidumbre. Lo más doloroso, he abandonado a todos a mi alrededor, he perdido las ganas de levantarme, de despertarme, de moverme. Poco a poco he alzado un brazo, una pierna, una cabeza y he rezado cada día con más fe, con mucha fe, con infinita fe, para sanar. Dios con su gran amor, en su infinita misericordia, me ha enviado ángeles que en mis sueños me han tendido la mano y me han levantado de mi dolor. No quiero más dolor, no he matado a nadie, he seguido mis principios, mis valores, mis creencias en una sagrada Familia: mamá, papá e hijos, el cual sigo creyendo y protegiendo, es momento de levantarme por aquellos que si quieren acompañarme a caminar, a sonreir, a soñar, que me abrazan con genuino cariño, con infinitas ganas de compartir conmigo su vida, donde siento sinceridad, no hay engaños ni mentiras, me hacen sentir confianza en un futuro bonito. Con ellos es momento de seguir, de continuar nuestra historia de vida, no se puede obligar a creer sin ver. Así como Jesús dijo: Uds. mis discípulos han creído en mí y en mis milagros porque los han visto, dichosos lo que creen sin ver.

Momento de soltar, de dejar ir para renacer, de tomar decisiones que marcan para continuar el proyecto de vida que Dios me entregó, quien no me acompaña, le deseo suerte. Soltar para vivir, para renacer y ser feliz, me lo merezco.



 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

©2020 por Armapa Blog. Creada con Wix.com

bottom of page