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Ella, mi prima mapache...

Actualizado: 5 dic 2020


Hace mucho tiempo quería escribir sobre ella, son pocos los momentos que pasamos juntas pero a veces las amistades y cariños de verdad no se miden por el tiempo sino por la calidad. Recuerdo los juegos de niñas que siempre eran entretenidos la barbie, el mundo, las tacitas, muchas risas, tenemos casi la misma edad, el paseo al Parque de las Leyendas o a la Ballena o al Campo de Marte o a la Feria del Hogar, al cine y luego a comer empanadas en Arenales, de seguro fueron muchos más lugares pero la memoria es frágil. Luego crecimos inevitablemente y pudimos compartir un lapso de tiempo juntas antes que partiera a mi vida definitiva. No me da pena, aunque una lágrima corre por la mejilla, es normal crecer, madurar y tomar decisiones, aunque al tomarlas dejes atrás momentos bellos y personas queridas, uno se va porque necesita avanzar. Y efectivamente fue así, pasaron más de 20 años, y al regresar ya no volví sola, volví con 3 vidas a flor de piel, empezando a conocer el mundo. Tú te quedaste, a veces pienso que tomaste mi lugar, un lugar que significaba presión familiar, presión moral, propia de nuestra sociedad. Cuando me fui creo que la primera idea que se me venía a la mente era no quiero que tener parámetros de comportamiento familiares, tienes que ser como, mira como ella es, mira lo que ella logró, claro que a mí me tocaba ser el ejemplo, aunque nunca lo pedí, sólo se daba. Ahora que pasó el tiempo quiero que sepas que era así, se me daba estudiar, disfruto haciéndolo, no lo hacía por aparentar, cuando me tocó ser mamá inculqué ese hábito a mis niños y efectivamente se logró, en diferentes medidas porque a unos les gusta más las letras y otros más los números. Lo del deporte fue un plus, pero eso será materia de otro escrito. En la época difícil, fuiste una linda tía para mi Arturo, siempre pensé que estabas preparándote con él para cuando tu tuvieras los tuyos; junto con las abuelitas, los abuelitos, los tíos, las tías, le entregaron un amor tan grande que cuando regresó a mis brazos, rebozaba de cariño. Quiero que sepas que disfruté mucho recibiéndote en mi casa, al sur del mundo, que los niños tienen ese recuerdo grabado, y esos recuerdos de niños son difíciles de olvidar. Pero no todo fue color de rosa, porque cuando uno crece, crecen también las responsabilidades, crecen también los problemas. Más aún en una sociedad machista, una sociedad donde las apariencias valen más que la realización personal, donde la presión familiar puede llegar a truncar vidas. El hecho de haber crecido en otra sociedad, con otros parámetros, que tampoco digo que sean los ideales, me ayudó a ver las cosas desde fuera, sin presiones y con una visión más amplia, sin sentimentalismos, más centrados en realidades que en recuerdos y fantasías. Desde lejos, no se veía tan difícil el panorama, era fácil dar consejos por media hora y luego pasar la página. Muchos preguntarán, ¿cuál era el consejo?, bueno el consejo era que después de vivir mas de 10 años en la casa de la tía, de ser profesional, de tener un buen trabajo, pensara en buscar su propio espacio. El caso es que el consejo fue dado una vez, dos veces, tres veces y aunque no lo recuerdes, cuando te pregunté, estas esperando que llegue un ultimátum para tomar la decisión de tener tu propio hogar? Me respondiste, si a lo mejor estoy esperando eso, a lo mejor necesito eso. A mí me sorprendió la respuesta, sentí como que era más fácil soportar que decidir el cambio. Era más cómodo, era menos arriesgado, se ponían una y mil excusas, y la demás familia la validaba, por costumbre, ya que justamente era costumbre pedir permiso a toda la familia para tomar las decisiones. Mala costumbre. El deterioro de las relaciones personales tampoco influía para tomar la decisión, no me cabe en la cabeza vivir entre malas caras meses y meses, años. Y esa situación aumentó cuando el cobijo fue para dos. No tiene nada que ver con cariño, ni con cercanía, ni con gratitud, menos con cosas materiales, ni con el dinero. Tiene que ver con calidad de vida, con tranquilidad, con serenidad, con poner las cosas en su lugar, con paz, que a veces pasan desapercibidos pero que son necesarias para una buena convivencia. Por destinos de la vida, me tocó volver a visitar constantemente la casa de infancia, era obvio que la situación no podía seguir así, no sólo por un tema de espacio, sino también por un tema de orden, por un tema de crecimiento personal, no mío sino tuyo. Todos los cambios traen remezones, y éste no fue la excepción, aunque para mí no era necesario, al final contó con la aprobación de cada tío, y se dio en un momento en que el destino nos juntó a todos ahí, hubo resistencias, hubo lagrimones, hubo posiciones que metían la enfermedad, hubo posiciones que abogaban a la lástima, a la pena, en fin, pero tanto tu como yo, que somos los nuevos pilares de nuestras respectivas familias lo asumimos.

Se va cumplir un año de esa decisión, supongo que para ti fue un gran cambio ser líder de tu propio espacio. Para mí no fue simple asumir la conducción de otra casa más, lo tomé como otra aventura, es más fácil decirlo así. Sé que muchos lo ven con malos ojos, o lo relacionan con falta de cariño o con ingratitud; pero eso es problema de ellos, sobre eso no puedo hacer nada, lo más importante es lo que queda entre tú y yo.

Anoche caminaba contigo, a cerrar el último bastión que quedaba, suena quijotesco ¿no?, pero en medio de la caminata nos veía y parecía que no había pasado el tiempo, que teníamos 20 y que aún no me había ido. Me dio pena, tomamos caminos diferentes. No puedo entender en qué momento te tocó cargar, una responsabilidad familiar que no es tuya. Los padres somos los encargados de educar a los hijos y de darles todas herramientas para que busquen su lugar en el mundo, y luego ellos formen su propia vida, lejos o cerca, eso es opción de cada uno, pero ellos tienen el derecho de hacer su vida, y los padres tenemos la obligación de asegurarles ese derecho. La hermana mayor puede dar consejos, puede ayudar, pero de ninguna manera debe adquirir la responsabilidad de los padres, menos aún si esa decisión trunca su propia vida. Poco a poco, se han acostumbrado a tener tu apoyo y tú has asumido que tienes que cubrir esas necesidades. Si algo falta, estás tú, si no alcanza, estás tú, si se presenta un pago no previsto, estás tú. Cuando te pregunté, sobre esta carga, con resignación dijiste “es así”. No olvides que no tiene que ser así, espero que no te mimetices y te convenzas que así te tocó, no, las decisiones siguen estando en tus manos, no se imponen, las decisiones se evalúan, se planifican, tienen inicio y fin. No te quedes sola. No te hundas en las enfermedades, proyecta también tu vida fuera de la familia.

Cuando comencé a escribir, puse que uno se va porque necesita avanzar, en este caso, partiste porque necesitabas avanzar, y lo estás haciendo muy bien, no dudo de tus capacidades, de tu desenvolvimiento laboral, es el trabajo lo que te hace sentir viva, sigue desarrollándote, sigue creciendo, vive tus años y no te quejes de su paso, los años nos dan sabiduría. En todo este proceso, te pregunté con anhelo ya varias veces, ¿Por qué no eres tu sola? Hubiéramos sido las 4 en cuarentena. Pregunta que no tiene respuesta, pregunta que lleva un trasfondo, pregunta que significa, mi conexión contigo siempre fue buena, te quiero mucho y no te olvides que cuando quede sola, porque no me gusta estar sola, viviremos juntas. (Dedicado a mi prima Patricia Jinés)



 
 
 

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